ROLES DE LA RADIO DE MASAS
El 24 de mayo, el periódico Diario 16 hizo una
entrevista al extraordinario periodista César Hildebrandt, y este se refirió
con acento insípido y claro “la radio es
patética”, agudizó su crítica señalando
el papel masivo como política legitima de la línea editorial de algunas empresas
radiales muy sintonizadas y conservadoras (1). ¿A qué se debe esta incomoda
noticia para los futuros radialistas? Estamos en una época pre - electoral aun
no confesada, en la cual los aspirantes a postular y ganar en los comicios
afiebrados del 2016 deben iniciar pronto una limpieza política y una
participación muy intencionada en cualquier ventana comunicativa En este caso,
la radio es una alternativa muy bien aprovechada para un desenfreno
propagandístico y una defensa colateral, pero esto es un atenuante en todos sus
matices. Un político busca exhibirse y
estar en todos las rotativas radiales y televisivas, el estribillo rezumba en
todas las primicias matutinas “más escuchas, más simpatizo”, esto señala el
triunfo del marketing político y sus estudios de mercado aplicado en las radios
masivas, que enfatizan en cada emisión radial el adoctrinamiento acostumbrado y
criollo, el mismo que utilizaban en las primeras décadas de siglo XX pero con la diferencia que el político ya no
necesita salir a las calles. Porque por lamentable que sea el público cree en
lo que oye, la gente confía en la información que recibe cada mañana, más aún
por el papel serio que intenta desarrollar a través de sus guiones financiados
y muy bien escrito. La radio comercial está en un puesto sobrevaluado, y
amenazante por su aparición planeada y pactada con el grupo de poder, busca
legitimar a sus clientes en cada presentación de sus programas periodísticos,
es el fin mediático. Los políticos buscan escusas para opacar su vida convicta,
y persiguen legitimar su presencia pastoril casi profética a través de la radio
comercial, garantizando promesas trasnochadas, con intención de inclinar hacia
una postura favorable a la delicada opinión pública. Las radios funcionan para
legitimar actores u opiniones, encantan todo lo que tocan o en este caso lo que hablan,
como el rey Minas y sus auríferas manos. Las investiduras que confeccionan las
radios son muy llamativas y variopintas, esto recrea una inmediatez exhibicionista
y confiere cierta “imagen pública” muy bien aprovechada en épocas
electoreras. Los juicios de valor de
las informaciones lo realizan las radios de acuerdo a la agenda empresarial,
ellos mismo edifican la “realidad política” y nos presentan como información irrenunciable y necesaria,
establecen la realidad de acuerdo a sus intereses (empresarial y no
periodístico). De acuerdo al mercado global una de sus principales reglas de
los políticos es la aparición en los medios sociales, y estar en el menú del
día, porque cada vez que salga al aire corroboran su existencia y su frescura.
Cada aparición jacarandosa es remunerada. “Vivimos en una realidad virtual
mediatizada” nos recalca cada emisora radial en sus programáticos guiones. En
una sociedad donde existe un bloque periodístico muy sectorizado, los medios
radiales independientes deben
interrumpir el completo control de la información, y exigiendo el
verdadero ejercicio de la expresión periodística. ¿Cuál es el fin u objetivo de
las radios? Cuando uno labora en la radio parece olvidar que hablamos en nombre
de todos los radioescuchas. La radio y los demás medios de comunicación deben
ser partidarios del “bienestar público” y trabajar alcanzarlo. Las verdaderas
democracias permiten el verdadero quehacer periodístico, y si no se debe exigir
y reclamar. Como diría Arthur Miller “un verdadero medio de comunicación es una
nación hablándose a sí misma”, la prensa radial debe ser el reflejo y el
interlocutor de su pueblo y sin ambages lo debe señalar en cada
información. Debemos respetar
la pluralidad que posee la radio, para no confundirlo como propiedades
privadas, en donde el patrón hace lo que se le dé la gana.

Reunión de políticos chiclayanos.
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