miércoles, 29 de mayo de 2013

                                               ROLES DE LA RADIO  DE MASAS

 El 24 de mayo, el periódico Diario 16 hizo una entrevista al extraordinario periodista César Hildebrandt, y este se refirió con acento insípido y claro  “la radio es patética”,  agudizó su crítica señalando el papel masivo como política legitima de  la línea editorial de algunas empresas radiales muy sintonizadas y conservadoras (1). ¿A qué se debe esta incomoda noticia para los futuros radialistas? Estamos en una época pre - electoral aun no confesada, en la cual los aspirantes a postular y ganar en los comicios afiebrados del 2016 deben iniciar pronto una limpieza política y una participación muy intencionada en cualquier ventana comunicativa En este caso, la radio es una alternativa muy bien aprovechada para un desenfreno propagandístico y una defensa colateral, pero esto es un atenuante en todos sus matices. Un político  busca exhibirse y estar en todos las rotativas radiales y televisivas, el estribillo rezumba en todas las primicias matutinas “más escuchas, más simpatizo”, esto señala el triunfo del marketing político y sus estudios de mercado aplicado en las radios masivas, que enfatizan en cada emisión radial el adoctrinamiento acostumbrado y criollo, el mismo que utilizaban en las primeras décadas de siglo XX  pero con la diferencia que el político ya no necesita salir a las calles. Porque por lamentable que sea el público cree en lo que oye, la gente confía en la información que recibe cada mañana, más aún por el papel serio que intenta desarrollar a través de sus guiones financiados y muy bien escrito. La radio comercial está en un puesto sobrevaluado, y amenazante por su aparición planeada y pactada con el grupo de poder, busca legitimar a sus clientes en cada presentación de sus programas periodísticos, es el fin mediático. Los políticos buscan escusas para opacar su vida convicta, y persiguen legitimar su presencia pastoril casi profética a través de la radio comercial, garantizando promesas trasnochadas, con intención de inclinar hacia una postura favorable a la delicada opinión pública. Las radios funcionan para legitimar actores u opiniones, encantan  todo lo que tocan o en este caso lo que hablan, como el rey Minas y sus auríferas manos. Las investiduras que confeccionan las radios son muy llamativas y variopintas, esto recrea una inmediatez exhibicionista y confiere cierta “imagen pública” muy bien aprovechada en épocas electoreras.  Los juicios de valor de las informaciones lo realizan las radios de acuerdo a la agenda empresarial, ellos mismo edifican la “realidad política” y nos presentan  como información irrenunciable y necesaria, establecen la realidad de acuerdo a sus intereses (empresarial y no periodístico). De acuerdo al mercado global una de sus principales reglas de los políticos es la aparición en los medios sociales, y estar en el menú del día, porque cada vez que salga al aire corroboran su existencia y su frescura. Cada aparición jacarandosa es remunerada. “Vivimos en una realidad virtual mediatizada” nos recalca cada emisora radial en sus programáticos guiones. En una sociedad donde existe un bloque periodístico muy sectorizado, los medios radiales independientes deben  interrumpir el completo control de la información, y exigiendo el verdadero ejercicio de la expresión periodística. ¿Cuál es el fin u objetivo de las radios? Cuando uno labora en la radio parece olvidar que hablamos en nombre de todos los radioescuchas. La radio y los demás medios de comunicación deben ser partidarios del “bienestar público” y trabajar alcanzarlo. Las verdaderas democracias permiten el verdadero quehacer periodístico, y si no se debe exigir y reclamar. Como diría Arthur Miller “un verdadero medio de comunicación es una nación hablándose a sí misma”, la prensa radial debe ser el reflejo y el interlocutor de su pueblo y sin ambages lo debe señalar en cada información.  Debemos  respetar  la pluralidad que posee la radio, para no confundirlo como propiedades privadas, en donde el patrón hace lo que se le dé la gana.


Reunión de políticos chiclayanos.













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